Mi principal actual y esta, pretendo, pequeña reflexión, puede que sea rechazada por muchos aquellos que ya saben que nuestros iones se empeñan, sin éxito, en llevar el potencial de membrana a su potencial de equilibrio o que nuestros osteoclastos estarán en el paro en poco tiempo; pero no importa porque lo que piensen unos, por fortuna, no lo pensamos todos.
El tema nos atañe principalmente a las mujeres, es cierto.
Comités oxidados de Bioética y fascistas desfasados de la COPE se empeñan en hacernos ver que el aborto es un acto vil, anticristiano, inmoral e ilegal.
No entraré en terrenos religiosos para hablar de una Iglesia que se decanta por la expansión de una enfermedad tan cruda como el SIDA antes que aceptar la difusión del preservativo en todas las zonas de la Tierra. Es una batlla perdida y mi cometido no es ese.
Hoy sólo quiero dar mi apoyo a todas esas personas que buscan beneficiarnos a todas y acabar con la criminalización de esta práctica y de otras de similar fin, porque gracias a ellas, puede que tengamos más oportunidades y podamos decidir de verdad qué hacer. No creo en discursos decimonónicos de sectores feministas que abogan por tal o por cual, y no abogo por ellos precisamente porque creo que aquello se superó hace tanto tiempo que volver sobre lo mismo sólo puede perjudicarnos y hacernos perder credibilidad ante sectores reacios al cambio.
Pero la cruda verdad es que todos somos unos hipócritas, sobre todo, aunque haya defendido lo contrario y reconocer esto me enrabie, mucha “juventud”.
Recibimos en primer lugar, con una amplia sonrisa la píldora del día después como método de emergencia, mientras ocultamos nuestro rostro cuando ciertas afirmaciones pueden destapar su uso, para terminar repudiando a quien tiene que someterse a una interrupción voluntaria del embarazo.
Somos unos jodidos hipócritas sin visión de futuro y carentes de posicionamiento que nos aferramos a matices de unos y otros pero sin forjar una opinión consistente que haga que respeten nuestras decisiones.
Pero fuera parte de este vital aspecto, hablaré de los médicos que apelan a una supuesta objeción de conciencia como nuevo método de enjuage manual o que, simplemente, rechazan a mujeres que, asustadas, acuden a ellos como última salida (gracias a las clases de Bioética he aprendido que una opción es rechazar al paciente y enviárselo a otro matasanos para librarnos del problema… Gracias Bioética porque cada día me muestras con más claridad en qué no quiero convertirme).
Ahora les lanzo la siguiente pregunta: “¿Por qué son ustedes médicos?”
Y la mayoría me responderá que “para salvar vidas”
Pero, señores, este diálogo ya está obsoleto y según corre ahora el tiempo, no se pueden conformar con este discurso tan obsoleto.
La adaptación de la pregunta a mi caso sería “¿Por qué quieres convertirte en médico?”, y mi contestación sería, aparentemente igual, pero esencialmente distinta…….. “Para ayudar a los demás”, lo cual implica una cercanía, un compromiso, el mejorar la vida de las personas que están aquí y ahora; me forman para eso, para mostrar soluciones a problemas que mucha gente no comprende, problemas que tienen que ver con su cuerpo y que por sí mismas no pueden resolver… en antiguas culturas el médico era el chamán, aquel que poseía el mayor de los saberes y la mayor de las desgracias, pues debía usar este conocimiento con cuidado si no quería perjudicar sin necesidad.
No trato de requete-ennoblecer este arte, tengo detrás a todo un colegio de médicos hipocráticos que aún piensan que el saber médico debe transmitirse de padres a hijos, mantener una especie de raza pura que no acepte a personas de otra condición.
Disculpen, me salgo del tema, veo tanto por cambiar que pretendo acapararlo todo.
Alguien que sólo vea en mi opinión un cariz negativo de joven jipi izquierdosa, se preguntaría que si acaso no me interesan las generaciones venideras, y yo amablemente, le respondería que sí, que cómo no iban a hacerlo, el mundo seguirá su curso, pero no lo hará a costa del sufrimiento de mujeres jóvenes que tengan que pagar el disfrute de su sexualidad a un precio que marque sus vidas para siempre, no si podemos impedirlo.
¿Acaso no es esta la finalidad de la ciencia?
Nos meten por los ojos descubrimientos de vacunas y tratamientos, de terapias génicas y métodos de diagnósticos de mínimo error, nos aseguran que la ciencia existe para mejorar nuestra calidad de vida, ya su vez nos obcecamos y cubrimos nuestros ojos con la banda del conformismo y de la desconfianza cuando se acarician temas más complejos.
Seguro que no se tuvieron tantos reparos en experimentar con embriones cuando se descubrió la relación entre cáncer y herencia, ni con las células madre, ni con la evaluación de analogías embriológicas con otras especies (de utilidad discutible). Nadie hizo nada porque todo tenía una finalidad universal, cada una de las operaciones nos acercaban a un beneficio mayor, ¿no es así?
Y ahora recuerden el porqué se estudia, o al menos yo estudio, Medicina,
¿Hay mayor beneficio que el de tener la capacidad de prestar auxilio a una persona que reclama nuestra ayuda?
Si la respuesta no es afirmativa quizás deberían replantearse su carrera o ejercicio, o sino eso, al menos su concepción del bien y del mal.
NO A LA PENALIZACIÓN DEL ABORTO